martes, 22 de septiembre de 2015

Indicadores de riesgo del maltratador (parental) infantil y su evaluación pericial






La hipótesis forense y los resultados obtenidos en diferentes investigaciones nos han permitido situar las situaciones de riesgo de maltrato infantil en el contexto de la interacción paterno-filial y han propuesto que el maltrato infantil es el extremo clínico de los estilos parentales de disciplina coercitivos e indiferentes o negligentes, (LaRose y Wolfe -1987)  Nuestros resultados sugieren una disfunción o inadecuación en la interacción padres-hijos en las familias en situación de riesgo que se traduce en un fracaso en el empleo adecuado de las prácticas de socialización. 

Como hemos podido constatar, la conducta parental de los padres en el grupo de riesgo se caracteriza (independientemente de que se considere la perspectiva de los padres o la de los hijos) por escasas expresiones físicas y verbales del calor y afecto y por niveles elevados de hostilidad, agresividad, indiferencia, negligencia y rechazo. Los patrones negativos de interacción definen las relaciones padres-hijos en las familias donde existe una situación de riesgo de malos tratos, podría afirmarse, entonces, que patrones positivos de interacción son incompatibles con el maltrato infantil.


Nivel de riesgo que el agresor representa para la víctima. En este punto hemos de señalar los datos que son para nosotros indicadores de peligrosidad potencial en el agresor en sus características de personalidad.

1. Inestabilidad emocional: indica mal control de los sentimientos y emociones, baja tolerancia a la frustración con reacciones incontroladas y desproporcionadas a los estímulos, e inseguridad.
2. Dominancia, necesidad de imponer las propias opiniones y que las cosas se hagan a su modo. A menudo ligada al orgullo y amor propio con intolerancia a la humillación y al desaire.
3. Impulsividad y agresividad.
4. Consumo de drogas y alcohol.
5. Suspicacia, indicadora de desconfianza, interpretar las cosas en su perjuicio, e incluso dirigidas a la celotipia y paranoia.
6. Dudas sobre la paternidad.
7. Alto nivel de ansiedad. Esta produce un intenso malestar psíquico, con ansiedad flotante, sobreexcitación y posibilidad de reacciones explosivas.

Otros estudios realizados sobre las características individuales de los padres que incrementan el riesgo de maltrato permiten destacar las siguientes cinco variables (susceptivas de evaluación por parte del forense):


  1. La exposición ha dicho problema en la infancia.
  2. La inmadurez psicosocial general.
  3. Determinadas deficiencias que obstaculizan su competencia educativa.
  4. Dificultad para interpretar la conducta del niño o excesiva respuesta a los comportamientos infantiles.
  5. Rechazo a los hijos.

Francisco Javier Arroyo Ortega
Perito y Psicólogo Jurídico

jueves, 26 de febrero de 2015

PERFIL DEL AGRESOR SEXUAL SIN PATOLOGIA




Según las últimas investigaciones, algunas de las características más importantes en los AGRESORES SEXUALES SIN PSICOPATOLOGÍA encarcelados son: la impulsividad, la ausencia de empatía con la víctima y las distorsiones cognitivas que utilizan para justificar su conducta y sus actitudes sexuales.

·         Sobre la exploración de las distorsiones cognitivas y creencias irracionales: los mitos de la violación. Burt, 1980, (citado en Malamuth, 1984), definió el mito de la violación como "un prejuicio, estereotipo o falsa creencia sobre la violación, la víctima de la violación y los violadores". 

Algunas de las distorsiones puede ser:
“Las caricias sexuales no son en realidad sexo y por lo tanto no se hace ningún daño. Los niños no lo dicen porque el sexo les gusta. El sexo mejora la relación con un niño.  La sociedad llegará a reconocer que el sexo con los niños es  aceptable. Cuando los niños preguntan sobre el sexo significa que él o ella desean experimentarlo. El sexo práctico es una buena manera de instruir a los niños sobre el sexo.  La falta de resistencia física significa que el niño desea el contacto sexual”. 

·         Sobre la exploración del uso de la pornografía. La posibilidad que la autoestimulación sexual aumente la probabilidad de agresión sexual subyace al debate sobre la pornografía.
En dicho debate podríamos encontrar dos corrientes de opinión mayoritariamente. Una primera corriente sería el abogado por las teorías feministas que ven la pornografía como una reanimación para la violación y la deshumanización de las mujeres. Una segunda sería la que argumenta que el material pornográfico no contribuye a la conducta sexual agresiva ya que abogan que el erotismo puede servir para prevenir el desarrollo y la expresión de conducta sexual antisocial. (

·         Las variables de impulsividad y autocontrol son una constante en los estudios de criminología. Siempre se ha presentado la variable impulsividad y la falta de control como una de las características definitorias del perfil del delincuente sexual. 


·         Otras variables significativas en la evaluación serían las que corresponderían con un desarrollo sexual orientado hacia sus pares y a medida que entran en la edad adulta las relaciones se hacen más difíciles o conflictivas, aumentan sus compromisos y descubren, a sí mismos, sintiéndose sexualmente atraídos por niños/as. Es narcisista, compulsivo y muestra un estilo represor de afrontamiento. Pueden presentar sentimientos de culpa sobre todo en las primeras etapas de su “amor” a los niños. (D. Raimundo se encuentra actualmente insatisfecho de su vida sexual, duda de su competencia sexual, sintiéndose culpable y decepcionado por la calidad de su vida sexual, manifiesta rasgo narcisista. El sujeto ha presentado durante la realización de las pruebas un estilo represor de afrontamiento. El sujeto ha hecho un esfuerzo enorme para que no se vean sus fallos).

Francisco Javier Arroyo Ortega
Psicólogo jurídico y forense.



martes, 25 de noviembre de 2014

EVALUACIÓN PSICOLÓGICA DEL DAÑO MORAL Y/O PSÍQUICO




Aunque el daño moral es un concepto estrictamente jurídico (Celedón & Brunal, 2012), la valoración de la misma constituye una materia a medio camino entre el mundo del derecho y el ámbito psicológico ya que la repercusión de las anomalías o alteraciones psíquicas en la ejecución de hechos traumáticos y en la responsabilidad por parte del demandado se encuentran recogida en nuestro Código penal, civil, administrativo y demás, tratándose de una materia jurídica pero claramente impregnada de un evidente carácter multidisciplinar.

Para la Real Academia Española, (2001)  el concepto de “daño” supone la noción de un menoscabo o detrimento sobrevenido respecto de una situación previa más favorable.  Gobetti (2003) considera que: “El daño moral es el padecimiento de índole espiritual que sufre una persona herida en sus afecciones legítimas. Está en juego un interés jurídico de orden afectivo, es la incidencia del acto ilícito en la psiquis del damnificado”. (p 2).  Mientras que Mendoza (s, f) considera que el daño moral lo constituye  el dolor, la angustia, la aflicción física o espiritual, la humillación, y, en general, los padecimientos que se han infligido a la víctima.  De igual forma, la autora se pregunta lo siguiente; ¿qué son en verdad esos dolores, angustias, aflicciones, humillaciones y padecimientos? Según  Mendoza estas consideraciones emocionales obedecen a las consecuencias del daño que lo haya provocado.  Por ejemplo, el padecimiento de quien debe soportar un daño estético visible, posteriormente considera la autora que los llamados “daños morales” son los infligidos a las creencias, los sentimientos, la dignidad, la estima social, a la salud física o psíquica de quienes hayan sido víctimas de algún tipo de suceso estresor fuerte.

Desde un punto de vista jurídico si atendemos a las definiciones del daño moral, se entiende según la jurisprudencia como "el quebranto moral o anímico que una persona sufre por los actos dolosos, culposos o negligentes" (Sentencia de la Audiencia Provincial Almería núm. 400/1999 (Sección 2ª), de 12 noviembre, o bien: "el daño moral está constituido por los perjuicios que, sin afectar a las cosas materiales susceptibles de ser tasadas, se refieren al patrimonio espiritual, a los bienes inmateriales de la salud, el honor, la libertad y otros análogos" (Sentencia de 28 de febrero de 1999), y también se considera "como toda aquella detracción que sufre el perjudicado damnificado y que supone una inmisión perturbadora de su personalidad" (Sentencia del Tribunal Supremo núm. 139/2001 Sala 1ª, de 22 febrero).

Por lo tanto desde un punto jurídico el daño moral seria un quebranto anímico, sufrimiento emocional y/o perjuicio inmaterial. Se trata por lo tanto de un dolor psíquico que sin llegar a ser patológico, conlleva un cierto desequilibrio emocional/espiritual limitado en el tiempo. Dicho daño moral puede ser la consecuencia de un perjuicio, daño físico o acoso moral. Una característica esencial del daño moral es que es consciente, es decir el propio sujeto tiene conciencia de dicho malestar moral, no este el caso del daño psíquico que puede ser inconsciente.

El daño moral repercute en la capacidad del sujeto de gozar o limitan su satisfacción, pero no modifican su estructura de personalidad anterior al hecho traumático y suele desaparecer cuando ya no existe la causa de dicho malestar.
La Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo establece en el artículo 9.3 que los daños morales podrán ser indemnizables si se derivan de un perjuicio referente a los derechos del honor, la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.


Desde un punto de vista psicológico-legal el daño  psíquica es la: "alteración o deterioro de las funciones psíquicas de una persona como consecuencia de un accidente o traumatismo que puede ser objeto de un resarcimiento" (Lartigau Fábregas, T., 1999). Soy partidario del uso de lesión psíquica en lugar de daño psíquico, ya que la primera tiene la mayor connotación médica y denota estabilidad en la personalidad del individuo que lo sufre, es decir la lesión perdura en el tiempo. Para la valoración de dicho daño será necesario determinar la pérdida de la estructura o función psicológica por un lado y por otro sus consecuencias sobre el psiquismo de la víctima.
Francisco J. Arroyo

martes, 8 de julio de 2014

TRASTORNOS ADAPTATIVOS Y REALIDAD LABORAL




Para quienes estamos en la evaluación de las licencias laborales, y en especial de las correspondientes al área de psiquiatría, existe una categoría diagnóstica que, lejos de los clásicos casos clínicos de esta especialidad, termina acercándose más a un nuevo espacio de patologías límites en, a mi criterio, el delicado equilibrio entre el diagnóstico médico y la interacción social laboral.
Los psiquiatras nos manejamos en cuanto a diagnósticos posibles con las codificaciones existentes en el DSM IV ("Disease Stadistic Manual", en su cuarta edición) o las existentes en la CIE 10 ("Clasificación Internacional de Enfermedades", en su décima), que aportan categorías que de alguna manera explican ciertos alcances de estas "nuevas patologías".
Anteriormente había diagnósticos que pasaban por estrés psicofísico, cansancio laboral o agotamiento psicofísico, que tenían carácter descriptivo de causa/efecto como para generar ausencias laborales.
Antes de la existencia del DSM, los diagnósticos podían ser, o realmente eran, más apreciaciones del profesional que los emitía ( y sus conocimientos o experiencia) y podían o no correlacionarse con otras apreciaciones de otros colegas. Desde la inclusión de estos códigos, uno puede definir toda la patología PSI de acuerdo a criterios específicos puntuales, de tal manera que para efectuar el diagnóstico se tienen que completar total o parcialmente estos criterios: si esto no ocurre, no categoriza la posibilidad. Por otro lado, si recibo un diagnóstico de un colega, categorizado en DSM, sé a qué se está refiriendo comprobando los signos y síntomas, aquí o en cualquier parte del mundo.
En las clasificaciones mencionadas, los compatibles con lo laboral son el "trastorno adaptativo F 43.22" o "problema laboral Z 56.7" de ambas codificaciones. El primero de estos diagnósticos puede tener variables en cuanto a ser de estado de ánimo depresivo, ansioso, mixto o con alteraciones del comportamiento. De acuerdo a la definición de trastorno adaptativo, se pueden producir por temas varios entre los cuales está la instancia laboral. La existencia de un factor estresante siempre debe estar presente, éste debe ser identificable y en muchos casos es de tipo psicosocial.
En la descripción del trastorno adaptativo en DSM IV, se menciona también que la evolución positiva, una vez que se elimina el estresante (que en lo laboral generalmente es la condición laboral activa), se puede esperar en un período aproximado de seis meses.
Ahora, si bien esto es más o menos entendible, no lo es en cambio la altísima estadística de situaciones de problemáticos manejos institucionales que generan una también alta incidencia de mermas laborales de tratamientos prolongados.
En la evaluación habitual es muy frecuente que los malos manejos de la comunicación de empleados y empleadores (en algunos casos de la actividad privada y en otros en instituciones del gobierno) generan conflictos que terminan en el consultorio del psiquiatra y que, siempre a mi criterio, deberían contenerse en instancias de mediación previa antes de llegar a la atención médica. Tanto es así que la mayor parte de estas consultas ya están en instancias legales justamente por falta de este nivel de mediación, y muchas veces el profesional debe formar parte de audiencias más a pedido de abogados que de familiares o de gente preocupada específicamente por la salud mental del paciente.
No se trata de negar el conflicto o la patología, pero convengamos en que, si el uso y abuso de estos códigos genera ausencias laborales interminables, algún límite debe existir para diferenciar lo que es una consecuencia de enfrentamiento de personalidades convivientes en áreas de trabajo con severas patologías psiquiátricas.
Creo que a los que manejamos esta profesión nos corresponde, en primera instancia, instruir a quien nos consulta acerca de estos límites y aclarar que nuestra función va a ser –repito, para estos temas– obligadamente transitoria y que el resultado final no va a depender exclusivamente de nuestra función asistencial.
En lo estrictamente legal, si bien no existen homologaciones legales de diagnósticos como lo que se da en llamar "mobbing" (palabra utilizada en referencia al maltrato laboral) o "burnout" (literalmente alguien que está quemado por las obligaciones laborales), es cada vez más frecuente que estos conceptos sean utilizados como referencias que originan largos períodos de ausencias laborales.
Argumentos de cansancio laboral (no por cantidad de horas o por cantidad de tarea sino por haber perdido la esencia de la vocación o por no "aguantar más" determinada tarea de contrato) son cada vez más frecuentes. En algunos casos hay circunstancias fácticas que justifican ausencias pero, al no modificarse los factores estresantes (jefes o compañeros de trabajo o el mismo trabajo en sí), determinan que no exista un pronóstico medianamente positivo en relación al fin del período de ausencia.
Pero en lo que quiero hacer hincapié, más que en estas licencias interminables, es en el hecho de la utilización de diagnósticos que, si bien se encuentran en correcta codificación en los tratados mencionados, son sobreutilizados en muchos casos haciendo que la psiquiatría o la psicología sean herramientas de obtención de beneficios que no deberían existir si cada miembro de instituciones públicas o privadas fuese en todo responsable y entendiese que dentro de esta responsabilidad está el logro final de los objetivos para los que se trabaja.

(*) MéRONALDO A. VARELA  médico especialista en Psiquiatría

lunes, 16 de junio de 2014

Si sufres Mobbing, recopila las siguientes pruebas para tu defensa

Si sufres Mobbing o acoso laboral, recopila las siguientes pruebas para tu defensa

 
PRUEBAS PARA DEFENDERTE DEL MOBBING
Es conveniente que el afectado de mobbing oacoso laboral, recopile con discreción y sin notoriedad, todos los documentos que puedan demostrar el hostigamiento laboral que sufre ( comunicaciones, ceses, encargo de tareas, órdenes, cambios de puesto de trabajo, actas retirada de despachos, de teléfonos, grabaciones,  partes de baja. informes y resultados de pruebas médicas..etc):

·         Todos los documentos que realices por escrito y con registro de entrada. Exige que te contesten por escrito. Aunque te tachen de problemático, es mejor así , te servirá si más tarde tienes que denunciar y si lo haces bien, hasta te respetaran más

·         Guarda todos los documentos que puedan demostrar acoso( comunicaciones, ceses, encargo de tareas, órdenes, cambios de puesto de trabajo, actas retirada de despachos, de teléfonos..etc)

·         No hagas nada que sepas que es ilegal.

·         Explica lo que te ocurre a tú familia y a los más íntimos. No lo calles por vergüenza

·         Que te vean llorar , que sepan que lo estás pasando muy mal. No lo hagas exclusivamente en solitario o con tu familia cercana. Esto puede ir en tú contra pues muchos compañeros pueden no saber jamás tú auténtico sufrimiento.

·         No reacciones jamás ante un insulto o cuando te provoquen. Intenta mantener la calma. Son ellos los que han de quedar en evidencia, tú, en tú sitio ¿No es fácil verdad? Las reuniones por sorpresa, las trampas encubiertas…¿Qué puedes hacer sino mostrar enfado? Sin embargo esas reacciones serán utilizadas en tu contra para desprestigiarte aún más.

·         Inicia un diario. Apunta la fecha de lo que vives cada día, con todo detalle: escribe fundamentalmente tus emociones, cómo te afecta psicológicamente: insomnio, mareos, vértigo, ansiedad, lo que sientes, con sus consecuencias físicas: caídas de cabello, vómitos, alergias, lo que sea.

·         Un diario puede liberarte de tensiones, te puede servir de terapia. Pruébalo. Te sorprenderás cuando lo leas más tarde y veas como fuiste capaz de aguantar tanto y las barbaridades que fueron capaces de cometer. En cualquier caso, lleva siempre una libreta y apunta detalles que veas que pueden servirte más tarde y que posiblemente dado tú estado de salud, no recordarás

·         Graba todo lo que puedas. Si la ofensa es con gestos o acciones, graba vídeo y si la ofensa es verbal, basta con que utilices una grabadora de voz. Si tú estás en estas grabaciones se admiten en un juzgado como prueba.

·         Se prudente, ten en cuenta a quién le explicas en privado el problema.Hablar en privado con tú jefe o con algunos amigos (o que creías amigos) puede ser un arma de doble filo; podrás dar información privilegiada que incluso podría ser utilizada en tú contra por lo que sabes. En el mejor de los casos “tus amigos” (que correrán como la pólvora cuando denuncies )verán problemas y se alejaran. Para tus jefes eres demasiado insignificante. No se mojaran, no se pringaran. Aunque no hayan tenido de ti jamás una quejaEs mejor que lo hables en privado con el jefe que creas oportuno, eso sí graba esa conversación.De lo contrario denuncia abiertamente por escrito, nada en privado, aunque haya confianza; más tarde si no hizo nada, lo negará.

·         Si la situación no mejora, incluso empeora, pasaras a una baja sin más remedio. Guarda todos los partes de baja. informes y resultados de pruebas médicas.

Libro: CÓMO ENFRENTARSE AL ACOSO LABORAL O MOBBING. 
Autora Rosario Peña y editorial www.altariaeditorial.com..

Fuente: http://www.mobbingmadrid.org/2013/06/si-sufres-mobbing-o-acoso-laboral.html

sábado, 24 de mayo de 2014

Consideraciones científicas sobre los distintos modelos de custodia y su implicación pericial







Tras la ruptura, separación o divorcio de los padres, la crítica a la opción tradicional de custodia exclusiva, normalmente materna, es relativamente reciente. No obstante, a medida que la investigación psicológica y sociológica se ha ocupado del tema este modelo de custodia monoparental materna, cuya única justificación en muchos casos reposa en inercias sociales, ha sido puesto en cuestión criticándose su insuficiencia para responder a las necesidades de desarrollo y estabilidad psicológica de los menores.

La investigación psicológica científica apoya la tesis de que la custodia coparental es, en general, la opción más favorable para conseguir el mejor ajuste de los hijos en la esferas psicológicas, familiar, escolar y social tras la separación o divorcio de sus padres, y la mejor solución para propiciar el entendimiento entre los progenitores, disminuyendo así la eventual tensión que entre ellos pudiera existir.

Entre los beneficios que reporta el régimen de custodia coparental, con respecto al de custodia exclusiva, destacan una mayor autoestima de los niños y niñas (Karp, 1982; Glover y Steele, 1989), mayor autovaloración y confianza, menor excitabilidad e impaciencia (Nunan, 1980), y mayor satisfacción general (Handley, 1985).

 Un reciente y riguroso estudio efectuado en Suecia (Carlsund A, Eriksson U, Lofstedt, P, Sellestrom E, 2012) sobre una muestra de 3699 adolescentes, arrojaba conclusiones contundentes: los menores, hijos de padres divorciados, en situaciones de custodia compartida, presentaban un riesgo significativamente menor de consumo de alcohol, tabaco, precocidad sexual y problemas conductuales, que aquellos que vivían bajo un régimen de custodia exclusiva monoparental, bien paterna o materna.

Posiblemente el mejor balance a favor del régimen de custodia coparental lo ofrecía la Asociación Americana de Psicología en su informe a la Comisión sobre el Bienestar de la Infancia y de la Familia (1995). El informe llega a la conclusión de que “….las investigaciones realizadas respaldan la conclusión de que la custodia coparental conlleva determinados resultados favorables para los niños, en particular más participación del padre, mejor adaptación del niño, pago de pensiones alimenticias, reducción de los gastos en litigios y a veces menor conflicto entre los padres…”

Como hemos documentado más arriba, la mayoría de los estudios indican significativos beneficios para los niños bajo regímenes de custodia coparental. No obstante, el factor crítico parece ser el conflicto entre los padres. Cuando los padres cooperan y minimizan el conflicto, la custodia coparental se ha mostrado claramente como lo más conveniente para los hijos. Sin embargo, si existe un conflicto significativo entre los padres, la custodia coparental no es peor para los hijos que la custodia monoparental al uso. Los efectos son beneficiosos para las relaciones entre los progenitores, que se ven forzados a cooperar por el bien de los hijos.

La anacrónica y superada tendencia teórica en psicología evolutiva que vino en denominarse “Tender Years Doctrine” (doctrina de los primeros años) que venía a afirmar la preponderancia del vínculo materno-filial y a rodearlo de toda una mística que le daba un valor insustituible y exclusivo, y que prevenía contra los graves perjuicios de la “privación materna”, tuvo su momento de auge en las últimas décadas del siglo XX. No obstante, esta teoría ha sido severamente criticada desde la psicología científica y refutada por los datos de la investigación. La asunción de que el sexo de los individuos los predispone y califica como mejores –o peores- cuidadores de los hijos, carece de base científica. El niño, dentro de una familia normal, establece vínculos de apego con su padre y con su madre, ambos simultáneos y de equivalente valor adaptativos (aunque puedan ser diferentes). Los padres varones pueden ser tan sensibles, tan atentos y tan hábiles en el cuidado de sus hijos, en cualquiera de sus edades, como puedan serlo las madres. Las habilidades parentales parecen más dependientes de experiencias previas, recursos y motivaciones, que de factores ligados al sexo.

En resumen, la investigación científica informa que la mayor estabilidad psicológica para los menores viene asociada a soluciones de custodia coparental ya que prima la estabilidad emocional y psicológica de los niños frente a la infundada idea de que ésta se asocia exclusivamente con la estabilidad contextual. A esto podemos añadir la experiencia positiva de su aplicación en países con sensibilidad social, cultural y experiencia divorcista y legislaciones avanzadas como Suecia, Dinamarca, Francia, Estado Unidos, por citar los más relevantes.


Francisco J. Arroyo
Perito psicólogo

viernes, 28 de marzo de 2014

LAS CONDUCTAS DE ACOSO Y SUS CONSECUENCIAS SON LA CLAVE ARGUMENTAL DE LA PERICIAL PSICOLÓGICA.


El acoso laboral se traduce por un comportamiento de hostigamiento o persecución continuado que se materializa  en conductas objetivables de acoso. La labor de la pericial psicológica será argumentar cada una de esas conductas y sus consecuencias a nivel psicológico, a través de  los síntomas manifestados por el sujeto. Se detallan como ejemplo a continuación una serie de conductas típica de acoso laboral.



·         Desestabilizar emocionalmente a una persona mediante todo tipo de estrategias buscando que esta “explote”. ((“Impago de salarios de forma sistemática…” )

·      Atacar sistemáticamente a una persona criticando destructivamente cuando realiza su trabajo. (“critican mi actuación delante de otros trabajadores  desautorizándome” ”, “Me grita en mi despacho y en público”).

·         Acusaciones graves sin justificar (“me acusa de llevarme dinero ”)

·         Deteriorar deliberadamente el rendimiento laboral de una persona. (“Me revocaron poderes muy amplios para el ejercicios de mis funciones, sin ninguna comunicación o explicación”).

·         Destruir la reputación personal de una persona mediante calumnias. (“Hacen comentarios y mofas sobre mi condición sexual y/o religiosas”, “Se celebran asambleas a las que no se me convocan o ocultan” ).

·         Destruir la salud psicológica minando la autoestima. (“Mis decisiones eran siempre cuestionadas…no tenía autonomía”).

·         La ausencia o vacio de competencias. (“En los últimos meses me han dejado de lado, se me retira el teléfono, los mails de la empresa”).

·    Alterar gravemente el entorno laboral de una persona (“Traslado temporal durante tres meses a una planta industrial cerrada y sin sistemas de información...”).
·         Impedir el desarrollo normal de mi trabajo. (“no contestan a mis correos”)

·      Hostigar sistemáticamente a una persona mediante acusaciones falsas acerca de su trabajo. (“la empresa va mal por culpa mía”)

·         Se le obliga a hacer trabajos no propios e ilegales. (“impedir la puesta en marcha del reglamento de seguridad e higiene” “tener que realizar pagos en B a los trabajadores”)

·         Manipular las herramientas de trabajo. (“Me ha quitado del chat, a partir de la tercera semana de baja no he podido entrar en el mail de la empresa, han cerrado todas mis carpetas y han utilizado el sello de mi firma si mi autorización”)

Francisco J. Arroyo
Perito psicólogo